Sin principios.

No quiero tu alimento masticado, tu vacío y superficial festín.
Me libero de la corriente común sin la aprobación pública de mis propias batallas.
No quiero ser un patrón cortado e integrado como un esclavo autómata y profesional que paga impuestos; quiero ser una constante idea espontánea que me mueve hacia el descubrimiento asombroso de cualquier rincón con una belleza y una fuerza que sobrevive a los que intentan incapacitar a lo más natural que tengo.
Juego y creo mi tendencia a acabar preguntándome por qué no soy armónico con el resto y cómo llegar a serlo sin negarme a mí mismo.
Rechazo ser el robot de vísceras y huesos que mueve el engranaje del vacío, del cadáver de la verdad muerta entre la podredumbre de los sistemas y las instituciones que cuidan a las víctimas de su enseñanza.
Nos unen cuerdas invisibles, pero no quiero ser parte de nadie, ni esclavo ni subordinado, no soy materia inanimada que puedes moldear.
No tengo que; no debo de; no voy a; no quiero hacerlo bien; ni ser correcto; ni mentir. Seré vulgar y ordinario, indecente, y os daré vergüenza, solo por no aplastar lo bello dentro de mi pecho y olvidarlo como un trasto que no quiere ver la luz. No presto atención a vuestro dedo autoritario, porque prefiero ahogarme en relaciones infructuosas.
No tengo dueño. No haré lo que dices. No quiero caer en tu consuelo anticuado ni en tu tendencia moderna.
Odio la idea de ser una máquina, alguien tallado entre los demás, alguien hecho a base de golpes para realizar algún fin que alguien ha imaginado.
Prefiero ser el contrario de mi propia familia, de cualquier autoridad y de cualquier estado si con ello me emociono y origino mi propio pensamiento.

Silencio

No escuché nada. Llevaba una semana con la oreja al loro, y no se oía más que un susurro ilegible que se perdía en el teléfono.
No recuerdo bien en qué momento empezó el silencio a invadir el planeta, cuando me percaté no había sonido en la música, ni en las voces, no había sonido en los pies ni en los edificios. Nunca sabré qué fue lo primero en callar. Simplemente cuando no me escuché a mí, empecé a preocuparme por el resto. El silencio me dijo adiós con la mirada, y un mes después sentí su voz. Me dio lágrimas envasadas para que no se estropeasen en su ausencia y varios suspiros abiertos.
Probé todo para retener su gusto, las lágrimas sabían a mermelada dorada, o café con bizcocho, a lluvia en el metro y raciones de risas con cerveza; los suspiros eran de madera o algodón de feria. No me importaba, mezclaba todos con todos para encontrar su sabor, pero el caso es que la mayoría se me estropeó antes de tener más ganas.
Me atrevo a decir que se llevó su voz lejos para no romper mis oídos, eso fue todo un detalle de mal gusto, me hubiera gustado quedarme sordo por elipsis. En mi cabeza aun está el eco, la memoria retorcida en el reloj, la boca semiabierta y un par de ojos sesgados que se cierran lentamente… Una salida preciosa.
No sonaron truenos ni tormentas, no hubo batalla ni redenciones. No se oyeron trenes ni los aviones que despegaban, no hubo otros coches, ni más noches. No hubo sangre, el silencio tiene sus propias reglas.
Empecé a recordarlo sin haberse ido…ese silencio; me dejó una flor de papel rociada con colonia que dejó de oler al cabo de un par de días. Fue entonces cuando quise hablar y nadie oyó mi voz, mis palabras se destrozaban antes de salir por mi boca, veía como cristalizaba cada letra y se rompían en mil pedazos a mis pies.
Antes me hubiese transformado.
Recuerdo la primera vez que se me cambió la cara. Recuerdo que mis ojos veían como los reptiles, que mis cejas eran largas como mis colmillos y en el medio de la cabeza me salió una fila de cuernos que llegaba hasta mi nuca. Recuerdo también, al mirarme en un espejo, como mis pómulos se volvían rojos y brillantes como el fuego. También, que mi saliva era ácida como LSD y mi nariz se ensanchaba como la de un cerdo, y se me deformaron las manos y crecieron mis uñas. Pude comprobar cómo mi coraza se volvía dura como el metal.
Hasta yo me asusté, realmente daba miedo, pero esta vez… no, no pasó nada de eso.
Yo tampoco quería hacer ruido, el silencio, era precioso y letal, la belleza se paseaba con su guadaña cortando cabezas, y yo no quería llamar la atención para no perderla.
Así viajo en sigilo sin él, haciendo mutis con las palabras, desapareciendo tras el texto con una leve sonrisa y participando de ruidosas fiestas paganas donde me lo paso de puta madre o armo la marimorena.
Realmente me encanta el silencio. Quizás siempre está ahí, conmigo. Pero no recuerdo bien en qué momento empezó a invadir el planeta, cuando me percaté no había sonido en la música, ni en las voces, no había sonido en los pies ni en los edificios. Nunca sabré qué fue lo primero en callar. Simplemente cuando no me escuché a mí, empecé a preocuparme por el resto.

Melalcohólico

Pues resulta que estoy ciego. Ciego lo que se dice ciego, y ya está, ciego de no ver. Ciego, vamos, así que no te me vayas a poner así… Que ya te conozco. Pero tú a mi no, tú a mí … no has tenido … ganas, ea, así que eso.
Y no me cabe más nada en el cuerpo, voy a reventar, ponme tres más, una para mí, otra para mis huevos, y otra por lo que sea. Y pide tú lo que te dé la gana que te invito. Y me da igual gastarme aquí, o volver mañana cuando despierte, “pon tres más,hostia, digo…por favor”.
Y ahora voy a cantarte una copla y te voy a mandar un beso, “pa que tacuerrrde”,¿eh, qué te parece? “¿puedes dejarme un boli negro y un papel?…pa dibujá… no pa fumá , que… te… voy a hacerrrrte un dibujito también, coño”.
Me alejo del mundo un poco, que no veo. Toma este dibujito…una piruleta de corazón rota en el suelo con su envoltorio, una mierda de perro pisada y arrastrada y una mierda entera… un triangulo isósceles… “Ha quedado muy bonito, le voy a dar al me gusta”, lo que pasa es que estoy ciego… de tooodo, ciego de tó, no veas….bueno, te lo regalo, para ti …hace tiempo que no me sentía así….de… así… tengo que aprovechar…porque ya hasta que vuelva a poder…fffff…va a pasar.. porque esto no es muy bueno que digamos…esto te gasta.
Pues no veas cómo voy sí, ¿y qué?. Mira la cara que pones… ¡Que no es nada! hostia, no te preocupes que en un par de días vuelvo a mi lugar y no hago más ruido en un ratito. Voy a mear. Que es que me estoy licuando las entrañas.
Voy a mear, pero hay cola…. Entro y me gritan por detrás… Me estoy meando, así que me la saco y meo con el nota que estaba meando… y le corto la meada….joder que gusto.
..¿Y esta gente quién coño son?…¡ofú!
Los he salpicado, me dan dos o tres hostias y me echan a la calle.
Pues no me han dejado ni decir adiós.
Escribo un mensaje para despedirme, pero las letras se me caen por la acera, y repito la operación mientras voy dando tumbos por las esquinas…. “que me voy”… Eso es lo que he puesto al final… y por equivocación se lo he mandado a todos mis contactos…joooder.
Voy ciego, a ver para qué coño me pongo así… pero mira, anda, a ver si no estoy para un retrato. Píntame si tienes… ganas. Anda…. Escríbeme ahora un mensajito… que estoy … muuuuy bien. Y el que quiera pelear conmigo… que espere a otro día que hoy no estoy para discutir, hoy estoy nada más que para besitos.
Y … no me acuerdo de lo que te iba a decir…no sería muy importante, o eso es lo que decía mi abuela… pues eso. Pero ahí se queda…que yo tenía que decirte algo…
¡Que no veas!.
Bueno…¿Voy otro sitio?…a ver… tengo por lo menos… pa unas cuantas más…

Escúchate, cuéntate y suéñate.

Eres competente, así que pon toda tu inconsciencia en lo que haces.
Ves tu cuerpo y sientes su peso. Cuéntatelo.
Uno: Callas. Te escuchas desde allí, te oyes de cerca y susurras en tu oído. Hueles el aroma de la carne y el aire; te envuelve un nimbo químico y heterogéneo donde rememoras los sabores de tu saliva.
Dos: Olvidas descubriendo tu anonimato o tu forma simple, tu gama alta y la complejidad de tu orden.
Tres: Vas a despegar, te vas a despegar, a salirte del papel, a quitar tu piel de ese pegajoso lugar plano. Puedes volar como una pluma o como una piedra. Degustas el olor a melón de las nubes y sientes el calor de las estrellas.
Cuatro: Descansas los ojos de tormentas y arcoíris. Puedes oír la melodía tras las membranas. Escuchas como crece la madera en los troncos, los ecos del big-bang y tus pies descalzos temblando en el suelo.
Cinco: Tus músculos te seducen hasta el orgasmo, viaja en ellos la electricidad del universo, los latidos de tus ancestros y el último pan que has comido. Tiemblan, se estiran, se desenreda tu cuerpo en millones de cuerdas minúsculas.
Seis: Te disuelves en el suelo como un helado en una barbacoa, puedes tener la forma de un puma o de un helicóptero. Puedes ser esto, eso y aquello.
Siete: Deja que tu cuerpo se quede atrás, deja que vaya más y más lento hasta hacer del presente una eternidad. Ahora te puedes mover como un reloj atómico, o una explosión, como un enjambre de abejas, o un beso. Ya bailas sin moverte a treinta kilómetros por segundo a través de la galaxia. Te fundes en un abrazo con cada molécula que te rodea.
Ocho: Sabes la tierra desde arriba, y las formas de los tejados.
Nueve: Ahora puedes mirar los rincones en los granos de arena y los pajares que están en las agujas.
Diez: Esto sí que te gusta, esto sí que es placentero y agradable. Respira hondo y memoriza cada detalle para no olvidar este momento jamás.

Recuerda, nada ha sido un sueño, no tienes que despertar.

Ayer te vi con él.

Ayer te vi con él, con su chaqueta de cuero y sus gafas de rockero,(a todos les gustan las mismas).Es cierto que es exactamente lo que necesitas, que hacéis buena pareja y todo eso, también lo es que parece buen tipo, que te trata bien, te mima y te da lo que necesitas, según tus propias palabras. Me alegro por ti y por tu felicidad multiplico mi alegría.
Ayer te vi con él, ya has encontrado un mono para hacerte reír y no seré yo el que pase todo el tiempo pensando cómo sorprenderte. Me encanta haber escapado de tu tela de araña, me siento ahora más libre que nunca, y aunque parezca mentira, intentaré recordar todo mi esfuerzo, solo para estar más seguro la próxima vez.
Ayer te vi con él, con su sobria sombra tras de ti, con ese perfume viejo y rancio de domingos en la iglesia. Me daba asco, verlo reptando como una serpiente hasta tu verbo para recibir su carne. Ya no eres como solías ser, ni lo que soñabas ser; ahora te veo como una vieja imagen difuminada en mi pensamiento, un recuerdo melalcohólico que no he terminado de olvidar.
Ayer te vi con él, tenias razón cuando me contaste que tenía tus ojos y tu boca, y noté esa mirada intensa y viva que tienen los seres de corazón puro como tú. Espero que cada segundo seáis más felices, que la suerte de cada momento os acompañe hasta el último de vuestros días. Solo me queda decirte que estaré a tu lado, a vuestro lado, siempre que lo desees, como siempre lo he estado, para lo que haga falta.
Ayer te vi con él, ese es un tío pedante y aburrido, estúpido, malnacido, maleducado, y para colmo te trata como a una mierda, si pudiera darle un puñetazo en toda la boca y eso sirviera de algo, lo haría, me rompería a gusto los nudillos, pero visto lo visto, seguro que te lo mereces, por eso, que te den por el culo, me enorgullezco de estar lejos de ser así, como los que te gustan, y me alegro también de estar cada día más lejos de ti.
Ayer te vi con él, es un gilipollas de “mucho cuidao”, ahora entiendo por todo lo que has pasado y no tengo ni idea de cómo has sido capaz de soportarlo todo este tiempo. Por otro lado me encanta que hayas confiado siempre en mí, haré lo que sea por no defraudarte. Comprendo tus miedos, tus ideas y tus planes futuros, me alegro de estar incluido en ellos y me alegro enormemente cada vez que recuerdo la primera vez que me dijiste aquello.
Menos mal que acabarás con todo esto, menos mal que hoy lo dejarás y mañana podremos estar juntos por fin.

Papeldiario.

Editor del “papeldiario” reciclado,
Ordenas palabras y pones dibujitos a sus lados.
Una noticia ahoga, dos arrebatan auroras
Esa tiene gancho, suena tremenda.

…Y uno sin un euro en la tienda.

Pasan por los sueños carteles de niños sin teta;
Por la mañana en la calle, te quieren vender la bicicleta.
Grabando en los ojos directrices estudiadas,
Malaria, sida, enfermedades raras.

Si hay que elegir entre moda y moral,
Lo mejor será no elegir nada.

Anatomía de lo efímero que descubres la historia,
Haz clara la opaca figura que disfraza la basura,
Muestra La bífida lengua que envenena a quien la escucha,
Inmortaliza al Arte para aprender con su lectura

Archiva el papel que mancho.
Quizás alguien haga hueco en su pared para este cuadro.
Estas líneas que delatan letras, sonidos en la cabeza.
La mancha ornamentada del escritor non nato.
Mentiras para cada día, Imprescindibles platos.

Plan suicida.

Sabía que aparecería.
Junto a la ventana florece la silueta que había soñado el ojo izquierdo. A contra luz, se oscurece cada vez más el rostro y sus facciones; se disuelven los contornos como húmedas acuarelas.
El día es fresco, no hay ni una sola nube en el cielo, aquí está la mano. Ya puede morder el brazo. Puede abrir la boca y comer.
Estos son los dientes. Caminando de puntillas de uno a otro. Brilla la saliva de Pavlov.
Conociendo bocas de otros lobos.
Esto, la chaqueta; esto, la camiseta; quizás pueda colgarla y doblarla luego. Fuera esa falda.
Impaciente mira brazo y cuello y el atardecer se hace Índigo y rojo.
Las frases crecen despacio y las palabras se cogen de la mano en cada esquina.
Gastamos la tarde contando calcetines, dibujando sus botas mientras bailaban.

Un perro acompaña a aquella niña, llegará bien.

Nunca he visto ese cartel del que habla en silencio, apenas recuerdo la mañana, pero mis ventanas se pasaron la noche entera esperando que entrara por ellas. Solo el frio.
Aquí está mi cuello. Observa los latidos. Cuenta los metros que le separan.
Esas son tus piernas, ese tu paso, aquello tu sombra, esta tu cara.
Desliza la garra en la piel, y hunde el diente en la carne caliente con rapidez. Saborea el pecado.
Arde la piel y tiembla el suelo al ser pisado. Escala el suspiro desde el estómago a la boca.
Los dientes se están vistiendo de rojo, hay un músculo roto.
En este cuerpo falta un lexema; en su verbo, se desdibujan prefijos, sufijos, y desinencias.
Siempre queda menos para expirar

Es mi plan de suicidio favorito: el reloj encantado, la sed saciada, y un último segundo en el que puedo llegar a decir la palabra que quiero antes de terminar.

Fiestas y cuentos.

Mi amigo llega a casa contento, viene de comprar 4 botellas del mejor vino que ha encontrado. Hablamos un rato, dice que si derramamos una en el suelo, nace una vid gigante que nos lleva a un castillo mágico en el cielo, pero en vez de hacer eso, abrimos una y nos la bebemos.
Nuestra amiga nos invita a su casa para celebrar nuestro no cumpleaños, pero de no ser así, también me hubiera vestido igual de elegante. Vamos como dos cerdos en domingo.
Una vez arreglados, salimos. La noche está poniendo las cartas sobre la mesa, y hoy voy a jugar un poco con la reina de corazones, me he puesto mi mejor disfraz, y hasta mi vecino se da cuenta, cuando al salir nos cruzamos con él, y con una mirada desde los pies a la cabeza, nos dice : ”¡Eh!, qué elegante vais”, después nos pregunta si vamos a una fiesta o algo, y pienso “no, he bajado a tirar la basura por eso es la camisa negra y los zapatos nuevos, el chaquetón me lo he puesto porque no encontraba el batín”. Es un genio de la deducción. Y en fin, le sonreímos y nos vamos.
Llegamos sin problemas a la fiesta, saludamos a un colega que nos espera en la puerta, y nos presentamos a los invitados, suena Django Reinhardt y hablamos del frio que hace, de lo bueno que está el vino, y de los dulces que hace nuestra amiga en su casita de chocolate; mientras, en el resto de la casa se escucha gente de un lado para otro, beben, ríen y bailan, pero no les presto atención, me gustan demasiado los muñecos de las estanterías. Me como uno de nata y trufa y cuando acabo mi inspección, me uno al grupo.
En las fiestas de este tipo se ven las patitas del lobo. Yo como un cerdo listo, adivino donde está el lobo, cierro la puerta, confío en mis ladrillos y me digo “sopla, sopla, que te va a abrir San Dios”.
Llega más gente, una tras otra, y mi amigo comienza a sacar a bailar a una y a otra chica, probándoles un zapato que lleva en el bolsillo, hasta que encuentra una a la que le queda perfecto, ¡bien hecho!, le llevo una copa de vino y me pongo otra, yo también bailo, es lo mejor que podemos hacer para quemar el alcohol y acercarnos a las princesitas.
Uno pone rock, y otro lo cambia por flamenco, después llega una y lo cambia por reague, y así todo el tiempo. Así son estas fiestas, hay que bailar al son de todos. Y en la algarabía un cerdo desaparece.
Después de acabar con toda la bebida que hay, y toda la comida que nuestra anfitriona ha preparado, nos vamos de la casa, alguien conoce un buen sitio que está cerca, y nadie pone impedimento en ir. Por la calle reímos, y contamos chistes malos mientras seguimos al flautista que nos guía con una dulce melodía.
Al entrar en la sala suena la música a todo volumen, y la gente baila en la pista de baile. Hacemos lo que se hace en estos sitios, es decir, beber, decir tonterías a voces, y bailar para pasarlo bien. Tan bien lo paso, que me quedo con un colega prácticamente solo en la pista.
Todo el mundo se ha ido poco a poco, y seguro que se han despedido, pero el alcohol, la música y la noche hacen que todo pase mucho más rápido de lo normal. Estoy ciego, y no me he enterado de nada, también estaré sordo, pruebas irrefutables de mi estado, y lo bien que me lo paso.
El lobo se habrá ido y un cerdito amigo mío y yo, nos vamos a otro sitio, para nosotros la historia aun no se ha acabado, queremos más caramelos. En el camino nos encontramos varias chicas que buscan un bar, así que las animamos a que vengan con nosotros, siguiendo nuestro camino de migajas y ellas acceden con una gran sonrisa.
Sin haberlo pensado estamos de nuevo en el centro de otra fiesta, y está llena de cerditos y cerditas, de príncipes y princesas; a mí me gusta la del traje rojo y la capucha. Me quito el disfraz y descubro mi rabo, soplo y soplo y enseño los dientes, derribo las casas y me como una cerdita,todos empiezan a correr ¡aaUUUUUU!, me como a dos y a caperucita.

brillo.

Suerte que bailas en las noches largas y oscuras
Zapatos viejos, alcohol y chaquetón de basura.
Frescas pléyades que visitáis las aceras,
Acercaos a ver en la oscuridad intensa.

Ciudad vestida de novia con fríos velos.
Mar de estrellas que naufragan.
Viento de piernas húmedas en los charcos,
Devoras edificios, mantas y huesos a tu paso.

Estrella del mono que sonríe.
Llama que brilla la última mañana.
Vela que llama a la mariposa visión divina,
Invita a tu eternidad a la luz baldía.

Orbe cegado por la materia.
Mágico esplendor de locura
Y Max Estrella mira al mundo,
En su noche más oscura.

En vano ofrendas o amenazas.
Ya bebe tu veneno.
De nada sirve terminar así,

Estrellas de más…
Estrella de menos.

Perro

Estoy en la puerta de su casa, a ella le gusta que la visite, y a mí me gusta ir a verla, aunque me gustaba más antes y a ella creo que también.
Hoy es diferente; aunque siguen sin llamarme para trabajar, cuando caminaba a su casa, después de acabar mi paseo llevando mi curriculum a todas partes, pensaba en el sueño que había tenido; soñé que mi familia y mis amigos rompían los cuadros que había pintado, creedme, no es un buen comienzo del día, y para mayor preocupación, en mi sueño, a nadie parecía importarle el trabajo que hubiera necesitado cada una de las obras pictóricas, o el cariño que hubiera puesto en ellas, y me digo…”menudo despertar chaval”.
Llamo a su puerta, ella me abre con los brazos de par en par, cosa que no siempre hace, pero pienso que en mi rostro se dibuja “abrázame, lo necesito”, y ella lo hace sin dudarlo, me siento apagado y encendido, helado y en llamas, un oxímoron con piernas .Tengo un cacao mental que no me aclaro.
Ella me acaricia como se acarician a los niños que lloran, o a los cachorros que buscan una teta que chupar en otra perra que no es su madre. Yo me quedo escarchado lo único que hago es arder, hasta la imprudencia. ¿Para qué coño habré venido?, ella le quita importancia a todas mis preocupaciones, y me regala soluciones mágicas; yo, como buen mago sé que todas son un truco más para hacerme sentir mejor. No consigue su propósito, pero lo intenta.
Comemos algo y hablamos de banalidades para pasar el tiempo sin llevarnos la contraria. Ella piensa en sus trucos y en lo que hago allí, y yo, pienso en lo que ella piensa.
Todo ocurre sin decirnos ni una sola palabra disonante, no podemos romper el pacto que hemos firmado con un abrazo cuando entré por su puerta.
La miro una vez más y la conozco en todas sus edades. Ahora ambos tenemos algo que hacer, ella va a leer y yo voy a buscar la forma de tener un buen fin, uno como el de Hemingway, con estilo.